Nací en Santa Cruz de Tenerife en el año 1982. Toda mi vida he estado vinculado al mundo del deporte y aún sigo estándolo, solo que desde una perspectiva que la gente conoce muy poco, trabajando en las sombras con los deportistas. Ellos se llevan los aplausos, y tu un gesto de complicidad, o una pequeña dedicatoria que solo él y tú pueden interpretar. Soy muy pasional en las cosas que hago, me comprometo, me rompo el lomo para sacar adelante los proyectos que inicio, y si no salen no será por no haberme esforzado. Soy muy exigente, cosa que no he averiguado si es un defecto o una virtud, parece que depende de las circunstancias claro. La familia, los amigos, mi profesión y los valores éticos son mi máxima inspiración, así que en esta sociedad plagada de personas efímeras cuyas prioridades son vergonzosas me siento como un cuervo blanco. Tengo mil defectos, más otros mil de los que no me doy cuenta, y otros mil que la gente piensa que tengo. Solo me preocupan los dos mil primeros. Cosas sueltas que me estoy acordando: nací con un mechón de pelo blanco, que desapareció la primera vez que me lo cortaron. Con cuatro o cinco años me fracturé un pie en el colegio, estuve todo el día en el colegio hasta que llegué a mi casa y mi madre me vió cojeando, me llevó al médico y me diagnósticó. De bebé mi hermana (que es dos años mayor que yo) me quiso poner colonia de nenes en la cabeza, se salto el dosificador y me baño con ella, casi me quedo ciego. Mi hermana tenía la manía de tirar todo a la taza del water, incluída la alianza de matrimonio de mi padre, así que un día mi abuelo le dijo en tono jocoso: “tira a tu hermano también”. Y no se lo pensó dos veces, tiró de la cadena y todo. En otra ocasión mi hermana se empeñó en hacerme una voltereta que le había visto hacer a un adulto a un niño, así que un momento después, como eramos mas o menos del mismo tamaño, me estampó la cabeza contra el suelo.
Bueno, visto lo visto, es un milagro que haya sobrevivido, seré “el elegido” o algo así je je. Bromas aparte, la infancia, pase lo que pase, creo que es la epoca más feliz de una persona, y si no la más feliz, si la más pura.

2 comments
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23 Febrero a 9:33
La Lola
Te has saltado mi anécdota favorita de tu infancia, quizá no sea tan espectacular como todos esos huesos fuera de lugar o que te tiren por la taza del wc, pero quizá sea, no sólo la más graciosa, sino la que refleja al niño que hubiera querido conocer, y esa no es otra que la de las sábanas de los gnomos(o duendes u hombrecillos, no lo recuerdo)…
Un abrazo
23 Febrero a 13:55
handpassion
¿Como te acuerdas de eso jodida? Lo de los gnomos, aunque me da vergüenza contarlo, ya has abierto el tema, así que ahí va:
Tenía unas sábanas y unas cortina con unos gnomos estampados. Me fascinaban tanto que por la noche me ponía a jugar con los gnomos, inventaba historias y me lo pasaba muy bien con mis fantasías. Una noche me oriné la cama, así que al día siguiente mi madre me puso unas sábanas blancas. Yo, por supuesto, pregunte por mis gnomos; y ella me contesto:
– Los gnomos se fueron porque los meastes todos, y como te vuelvas a mear esta noche, no vienen más.
Aquello me causo un trauma, esa noche casi no duermo pensando en mis queridos gnomos.
Imagino que será esa la anécdota de la que hablas. Un abrazo fea.