A 28 de noviembre, una mañana como otra cualquiera en la que salgo de casa para coger el coche y dirigirme al trabajo, observo colgado de una ventana al típico “Papá Noel escalador”. Pienso: Pero si todavía falta más de un mes para Navidad, la gente está loca, contagiada de los centros comerciales, que cada vez comienzan antes su singladura navideña con la idea de exprimir a los consumidores.

A 29 de noviembre, otra mañana cualquiera, en la ventana situada justo debajo de la que había visto el día anterior el Papá Noel , observo otro “Papá Noel Escalador”. ¿Envidia? ¿borreguismo? o ¿contagio del virus social del consumismo?

Llego al trabajo y un compañero me comenta el disparate de Madrid: 8.000.000 de bombillas para iluminar la ciuda de Madrid en Navidad, con un coste total de la iluminación de 3.5 millones de euros. Encima ya está funcionando, un mes antes de Navidad consumiendo electricidad.

Y todos como borreguitos siguiendo el jueguito comercial de la actual Navidad, que ya se suma a otros virus sociales como la violencia, la ignorancia, la moda, los estereotipos, etc… para los cuales no hay vacunas efectivas y encima son altamente contagiosos y virulentos.

¿Mañana observaré más “Papás Noel escaladores en las ventanas”?  Esto empieza a dar miedo, no hacen sino aparearse y reproducirse como conejos, es lo que pasa cuando se introducen especies no autoctonas, que desplazan a la fauna endémica. Lo mismo sucede con las costumbres.